III. DECRECER

Cerebros envasados al vacío,

ese vacío legal llamado mundo

en medio de una historia colectiva

y cada loco con su lema.

Consumidos en esa zona de confort llamada inconsciencia

bajo muros de contención llamados miedos,

miedos de comunicación que se han quedado sin palabras.

Somos delgadas líneas rojas que juegan a la cuerda floja

contradictorias hasta que se demuestre lo contrario,

supervivientes que sólo conocen dos formas de llenar

el vaso medio vacío: con sudor y lágrimas.

Supervivientes que dan la mano de segunda mano

manos libres por buscar agujas en un pajar

manos defensoras de causas perdidas, de esas que ya no quedan

manos que retratan sus huellas dactilares en la ventana de un tren sin destino

manos que tocan, luego insisten

manos hechas a mano

manos de última hora,

y detrás de todo,

la cuenta atrás.